martes, 19 de junio de 2012

TP final - Preentrega 5

(Mariel: no llegué a rehacer el trabajo. El clima no me acompañó cuando tuve previsto volver a filmar. De todas formas, subo el ensayo por si podés mirarlo en relación con lo que vengo trabajando.
Hay un aspecto que no tengo resuelto como trabajar y quizá no incluya, que es el vínculo del barrio con su pasado.)

Recorrido urbano: Barrio Rawson y las calles que lo delimitan.












Medio maquínico: filmadora de la cámara digital. Este medio me permite encuadrar el movimiento que le da ritmo al Barrio y captar el sonido de la ciudad.

Partido conceptual: a través de este trabajo busco reflexionar sobre:
§  La relación que existe entre el Barrio Rawson y el ritmo de la ciudad en general, y también entre el barrio de hoy y su pasado
§  La construcción del video, la puesta en escena y el fuera de campo

 Mi propuesta es mostrar lo que caracteriza a una gran ciudad como Buenos Aires a partir de la ausencia de esos rasgos. Por eso elijo el Barrio Rawson. En este barrio (o sub-barrio, según el Gobierno de la Ciudad) casi no hay circulación de autos, por ende, está ausente el sonido constante del tránsito que caracteriza a la ciudad. Tampoco hay edificios altos uno al lado del otro. No hay olor a humo. El clima cambia, el aire a la noche es más fresco y liviano porque no hay smog. En el barrio se pueden oír las conversaciones de un grupo de chicos a más 10 metros de distancia y recorrer cuadras cruzándose sólo a un vecino, situaciones que hacen más visible al otro.
Elijo el audiovisual para experimentar una posible respuesta a la pregunta de Comolli1, acerca de cómo filmar la ciudad si ya no queda “fuera de cuadro”. Quizá una forma sea dejando fuera de cuadro a los elementos más dominantes en la ciudad (la publicidad, el turismo, el tránsito, el ruido).

Barrio Rawson como puesta en escena: cuadro y fuera de cuadro
Una de las particularidades del Barrio Rawson es su configuración: desde una vista aérea, vemos que es un triángulo con límites claramente marcados: un muro que lo separa del Club Comunicación (calle Tonogasta), el cerco del campo de la Facultad de Agronomía (calle Zamudio) y la Avenida San Martín. El hecho de estar rodeado principalmente por zonas poco urbanizadas y de difícil acceso es uno de los motivos que le dan un ritmo distinto.
Así, el Barrio Rawson puede constituirse como una “puesta en escena”: un “cuadro” delimitado por tres calles, en tensión con el “fuera de cuadro”, que viene a ser la ciudad, con su velocidad, la alta circulación, el ruido y la sobreinformación.

La presencia del fuera de cuadro
Tomo el concepto de puesta en escena de Eduardo Russo2: “La puesta es esa operación que consiste en hacer que las imágenes destilen su sentido. (…) Pero ni bien la puesta tiende sus redes, el espectador comienza a interpretar indicios, a completar lo faltante, a avizorar el sentido siempre equívoco de lo visto. (…) El rectángulo de la pantalla pronto abrió lugar, en cada film, a un mundo de ficción que se presume más allá de los límites de los visible”.
¿Hacia dónde tiende sus redes el Barrio Rawson como puesta en escena? ¿Qué es lo que queda fuera de campo? Dos aspectos: uno físico y contemporáneo, que es la ciudad. Otro, temporal, que es su pasado.
El ritmo urbano se hace presente principalmente a través del sonido: el tren que se escucha frecuentemente a lo lejos, el sonido del tránsito que se oye cuando circulamos por las calles más cercanas a la avenida San Martín.
Luego, otros rasgos de la ciudad se hacen presentes justamente por su ausencia: llama la atención que no hay publicidades, no hay negocios (ninguno, ni siquiera un kiosco o un supermercado chino), ni circulación de autos.
Asimismo, el pasado del barrio está totalmente presente. Valga la contradicción. Ya que, como dice Comolli, “la ciudad filmada no se reduce justamente a su dimensión visible”. La tranquilidad del barrio parece venir de otro tiempo, cuando la ciudad de Buenos Aires era menos grande. Los exteriores de los edificios y las casas no fueron modificados desde su construcción, en la década del 30, cuando fue proyectado como “Barrio de Casas Baratas”.
El barrio se me descubre como “un palimpsesto de las trazas que se cubren y se borran unas a otras (…) ¿Trazas? Son las vidas que pasaron, los cuerpos, las palabras, los relatos, toda una maraña de encuentros intensamente vividos como rápidamente perdidos”. Asociado a esta descripción de Comolli, menciono otras ausencias que se hacen presentes en el barrio: allí vivieron escritores y poetas importantes de nuestra literatura (Julio Cortázar, el escritor y periodista César Tiempo y el poeta Carlos de la Púa). Y en algunos de sus escritos se hace presente el barrio.


Audiovisual sobre el barrio
Me encuentro frente al desafío que plantea Comolli en relación al cine, y que considero extrapolable al audiovisual: poner en presente ese palimpsesto de laberintos temporales y espaciales a través de la operación videística.
Elijo tomar algunos rasgos que naturalmente parecen vincular al barrio con la ciudad y con su pasado:
El sonido: en el diseño de este aspecto busco resaltar los sonidos que en el barrio se escuchan de fondo, por detrás de los pájaros y de las voces de los vecinos, y que en el deambular distraído pasan desapercibidos: el sonido de los autos, del tren.
Ómnibus, de Julio Cortázar3: a través de este cuento, el narrador describe un recorrido que va desde una casa del Barrio Rawson hasta la parada del colectivo 168, y luego su camino a través de la ciudad, hasta Retiro. El relato se acelera a medida que el colectivo se aleja del barrio y entra en el ritmo urbano. En algunos fragmentos, la ciudad que describe podría ser de hoy, pero es la de la década del ‘50. De ese modo, el relato nos trae ese pasado, que también se vivencia en el Barrio.


Caminante con destino vs. flâneur
Otro aspecto que me interesa pensar a través del video es la actitud distinta entre quien camina hacia un destino y el flâneur.
En la primera parte del video, trabajo un plano subjetivo que recorre las calles que limitan el barrio (Zamudio y Tinogasta) hasta que llega a su destino, que es la parada del colectivo. En ese trayecto, la cámara atraviesa espacios, sonidos cambiantes, sin detenerse en ninguno.
Ahora, qué pasaría si, en vez de tomar el colectivo, la mirada permanece en el barrio, en una esquina, viendo cómo las cosas y el tiempo suceden. En esta instancia, la cámara nos descubre nuevos ritmos, nuevos vínculos espaciales entre las personas que circulan.
¿Qué diferencia al flâneur de Baudelaire del s XIX4 respecto del flâneur del barrio Rawson en 2012? No puedo omitir la idea de que el flâneur del 2012 está atravesado por los recorridos que se abren a través de las tecnologías, y nos permiten recorrer otros espacios a través de la navegación sin rumbo de internet. Sin embargo, es otro camino de reflexión al que me lleva mi trabajo audiovisual y el Barrio Rawson.
El flâneur del s. XIX descubre y es atravesado por los nuevos sonidos industriales, por las nuevas máquinas, por la pérdida de la identidad en la multitud. En ese contexto “Marshal Berman relaciona la experiencia intensa del hombre en la ciudad con la modernización de la ciudad moderna que estimula los sentidos y agranda la visión de velocidad y de aceleración de la vida moderna” (Juan Carlos Orejudo).
Actualmente, el flâneur, que nace inmerso en esa experiencia urbana, puede descubrir al otro en la multitud o un sonido especial en la masa sonora amorfa. En el Barrio Rawson reaparece la experiencia del otro y los sonidos particulares.
El barrio parece ser un buen lugar para el flâneur. Uno se pierde fácilmente, y no en la multitud, sino en las diagonales. En las zonas “productivas” de la ciudad, los recorridos están diseñados para circular hacia un destino. En cambio, en el barrio disponemos de muchos bancos y parque alrededor de los edificios para sentarnos y observar.


Para cerrar
La ciudad nos abre vivencias disimiles: el ritmo embotador que experimentamos en zonas como el microcentro, y la apertura de sentidos que nos permiten zonas como Barrio Rawson. Todo es parte de un mismo sistema, que se reconfigura en sus interacciones, en sus límites.
La acción videística, al igual que un atlas, nos permite “reconfigurar el espacio, redistribuirlo, desorientarlo en suma: dislocarlo donde pensábamos que era continuo, reunirlo allí donde suponíamos que había fronteras”5. A través de la imagen, el sonido, el cuadro y el desencuadre, el video y el cine nos permiten mostrar la heterogeneidad que caracteriza a la ciudad.

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1-       “La ciudad filmada”, Jean-Louis Comolli en Ver y Poder: La inocencia perdida.
2-      “Cine: una puesta en otra escena”, Eduardo Russo.
3-      “Omnibus”, Julio Cortázar en Bestiario.
4-      “La lírica urbana en Baudelaire”, Dr. Juan Carlos Orejudo Pedrosa.
5-      "ATLAS, ¿Cómo llevar el mundo a cuestas?", de Georges Didi-Huberman.

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