domingo, 13 de mayo de 2012

De la crítica al espectáculo en tan sólo cinco salas (cuarto recorrido)



“’Denkraum’ significa ‘espacio de pensamiento’, que es lo que una exposición ha de propiciar” dice Didi-Huberman. Ahora, ¿qué sucede con las obras que integran una exposición? Concretamente, en la muestra Bye Bye American Pie, ¿cuánto hay de espacio de pensamiento y cuánto de espacio de espectáculo?
En palabras del curador de la muestra, Philip Larrat-Smith, las obras “reflejan y observan críticamente las transformaciones de su cultura (la de Estados Unidos) desde los años 70 hasta el presente”. Sin embargo, creo que la institucionalización de las obras, la incorporación al conjunto, generan distintos sentidos sobre cada una de ellas: de reflexión, de espectáculo o de enfriamiento del sentido crítico.

Arlindo Machado desarrolla un concepto que es interesante poner en cuestión en relación con ciertas obras de la muestra. El autor dice, acerca del mecanismo por el cual un artista se apropia de un discursos dominantes para criticar el sistema que los genera: “el mismo hecho de que esas obras de esté produciendo en el interior de los modelos económicos vigente, pero en dirección contraria a la de ellos, hace de las mismas uno de los más poderosos instrumentos críticos de los que disponemos hoy para pensar el modo cono mas sociedades contemporáneas se constituyen, se reproducen y se mantienen”. El asunto es que la máquina de guerra tiene que ser realmente potente para ganarle al instrumento de Estado.
La obra de Jean-Michel Basquiat, en particular las ilustraciones en lápiz, fueron gestadas en la calle. Jean-Michel Basquiat nació en una familia acomodada de Brooklyn y a los dieciocho años decidió irse a vivir a la calle, donde empezó a hacer graffitis como vehículo para descargarse contra el sistema capitalista (firmaba como SAMO, SAMe Old shit, es decir, la misma vieja mierda). Sus trazos eran potentes, maníacos. Ahora bien, en su pasaje al museo, de la calle a la exposición, la obra se entibia: al estar enmarcada, tras de un vidrio, iluminada, pierde el sentido que cobró en su génesis. Una vez más, el museo estiliza aquello con lo que se vincula; el instrumento de estado le gana a la máquina de guerra.

La obra Train de Paul McCarthy me resulta un intento fallido de crítica al sistema. La obra se vuelve, toda ella, espectáculo. Es “espectacular”: una estructura enorme con sensores de movimiento, una escena sexual cínica y zoofílica que combina la lentitud de los buenos amantes, un sonido que invade toda la sala; todo hace que el espectáculo funcione. Y como espectáculo, genera más entretenimiento que crítica. El espectáculo le ganó al instrumento de estado, a la máquina de guerra, a todo. La obra no dice nada nuevo, repite el discurso de que “los yanquis siempre nos la ponen”, no genera un nuevo espacio de pensamiento.
En cambio, las fotografías de Clark y Goldin sí dicen algo nuevo. Muestran eso que los medios no muestran. La fuerza de las imágenes transciende a la institución y a la exposición que las enmarca. “De lo que no se puede hablar, es preciso callar, pero es preciso exponerlo”. La máquina de guerra le ganó al instrumento de Estado.
Las obras de Kruger y Holzer también son potentes. Con eficacia, Kruger toma el discurso publicitario para contradecir al sistema que lo genera. Holzer desterritorializa documentos secretos de las fuerzas armadas de Estados Unidos, en las que muestran las estrategias de destrucción.

Por otra parte, ¿por qué se eligió un museo de arte latinoamericano para exponer una obra de artistas estadounidenses? Antes de suponer que es una nueva victoria del capitalismo, creo que eligieron un espacio en el que se refuerza el discurso anticapitalista. Si, en general, existe un prejuicio latinoamericano hacia la cultura yanqui, qué mejor que este museo para hacer la exposición. Es una buena estrategia de marketing para atraer al público.

1 comentario:

  1. V (EFT)
    Muy buen análisis relacional entre textos y muestra, sobre todo aplicando las ideas de DIDI-Huberman -que tanto nos interesan- acerca de la exposición y el espacio de arte.
    Trabajaste muy bien estas nociones, respecto a la cultura alta y baja (calle-museo), y cómo el contexto modifica, institucionaliza.
    Podrías seguir pensando en este sentido ampliando, por ejemplo, con las ideas de Guy Debord, "la sociedad como espectáculo", o de la escuela de Frankfurt, "la industria cultural". Podría ser interesante trabajar por este lado si es que te atrae.

    Mariel-

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