Nota: cambié de partido y espacio de trabajo. Elijo el Barrio Rawson, en la zona de Agronomía.
Si
el dominio del flâneur del s. XIX es la nueva experiencia de “la multitud”, y
desde ahí vivencia la pujante ciudad y la sociedad que se indutrializa, el flâneur
del s. XIX puede correrse de la multitud para mirar la ciudad a través de otras
experiencias.
Mi
propuesta es mostrar lo que caracteriza a una gran ciudad como Buenos Aires a
partir de la ausencia de esos rasgos. Por eso elijo el Barrio Rawson. En este
barrio (o sub-barrio, según el Gobierno de la Ciudad) casi no hay circulación
de autos, por ende, está ausente el sonido constante del tránsito que
caracteriza a la ciudad. Tampoco hay edificios altos uno al lado del otro. No
hay olor a humo. El clima cambia, el aire a la noche es más fresco y
liviano porque no hay smog, que (percibí) aumenta la temperatura ambiente. En
el barrio se pueden oír las conversaciones de un grupo de chicos a más 10
metros de distancia y recorrer cuadras cruzándose sólo a un vecino, situaciones
que hacen más visible al otro.
Creo
que el Barrio Rawson puede constituirse como una “puesta en escena” en tensión
con el “fuera de cuadro”, que viene a ser la Av. San Martín, que se caracteriza
por la velocidad de los autos que circulan en doble mano.
Elijo el audiovisual para experimentar una posible
respuesta a la pregunta de Comolli, acerca de cómo filmar la ciudad si ya no
queda “fuera de campo”. Quizá una forma sea dejando fuera de campo a los
elementos más dominantes en la ciudad (la publicidad, el turismo, el tránsito,
el ruido).

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